Exploramos la motilidad propia del cerebro y la médula, en relación con la capacidad de movimiento intrínseco. La motilidad y movilidad se distinguen, influyendo la respiración y las células gliales en la motilidad. Observaciones evidencian múltiples ondas de movimiento, vinculadas al ritmo cardíaco, la respiración y factores embriológicos. La duración de estas ondas plantea interrogantes, con divergencias entre seis y diez a catorce ciclos. Se destaca la necesidad de investigaciones adicionales para aclarar este fenómeno intrincado . . .
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